—Esta es una situación difícil de explicar. Ni siquiera sé por dónde comenzar —expresó el joven, que puso la mirada en el piso, como esperando que con eso pudiera tranquilizar a quien tenía enfrente. —¿Qué le parece si comienza por el inicio? —dijo el policía, quien sacó una libreta de quién-sabe-dónde. El joven Marcos no tenía ni la más remota idea de lo que aquello significaba. Si del inicio del día, de esa tarde extraña, o de aquello que ese policía le estaba preguntando. —Depende de qué es lo que quiera saber —respondió Marcos con la cara ligeramente enrojecida de vergüenza. —¿Qué fue lo que vio? —preguntó el policía, con el semblante ligeramente enfurecido. —Depende de qué es lo que quiera que le conteste. —¡Suficiente! ¡Vienes conmigo! —¡No puede llevarme hasta que no le llame a mi abogado! —Dos cosas, hijo. Estamos en México, y eso no aplica. Y segundo, ¿con tu edad ya cuentas con un abogado? —Sí, tengo uno. Pensé que eso me daría tiempo. Pero ya qué. ¿A dónde me lleva...
Han pasado meses, y Rolando estaba más tranquilo desde que tomó la decisión de no buscar a Sofi. La última vez fue una locura. En el fondo, Rolando sabía que era su culpa. Por más que se prometía no volver a buscarla, no podía evitarlo. Pero esta vez fue en serio. Comenzó a salir con sus amigos. Al bar, a los pulques, al cine. A simple vista, parecía que las cosas mejoraban para él. Rolando guardaba bonitos recuerdos de ella. Aunque fueran difusos. Esa vez que ella aceptó salir con él. Esa vez que fueron al café por unos tés. Rolando odiaba el té, pero le agarró cariño al matcha, porque ella se lo recomendó. Con el paso de los años, es algo que él aún pide al ir a un café. Sin embargo, todo el plan de no volverle a hablar se le fue al traste en el momento que ella le mandó un mensaje. Sofi: Hola. ¿Quieres salir hoy? — 3:38PM Rolando: Hola, ¡qué milagro! ¿A qué debo el honor de recibir tu mensaje? — 3:38PM «Mierda, a...