Han pasado meses, y Rolando estaba más tranquilo desde que tomó la decisión de no buscar a Sofi. La última vez fue una locura. En el fondo, Rolando sabía que era su culpa. Por más que se prometía no volver a buscarla, no podía evitarlo. Pero esta vez fue en serio. Comenzó a salir con sus amigos. Al bar, a los pulques, al cine. A simple vista, parecía que las cosas mejoraban para él. Rolando guardaba bonitos recuerdos de ella. Aunque fueran difusos. Esa vez que ella aceptó salir con él. Esa vez que fueron al café por unos tés. Rolando odiaba el té, pero le agarró cariño al matcha, porque ella se lo recomendó. Con el paso de los años, es algo que él aún pide al ir a un café. Sin embargo, todo el plan de no volverle a hablar se le fue al traste en el momento que ella le mandó un mensaje. Sofi: Hola. ¿Quieres salir hoy? — 3:38PM Rolando: Hola, ¡qué milagro! ¿A qué debo el honor de recibir tu mensaje? — 3:38PM «Mierda, a...