—Esta es una situación difícil de explicar. Ni siquiera sé por dónde comenzar —expresó el joven, que puso la mirada en el piso, como esperando que con eso pudiera tranquilizar a quien tenía enfrente. —¿Qué le parece si comienza por el inicio? —dijo el policía, quien sacó una libreta de quién-sabe-dónde. El joven Marcos no tenía ni la más remota idea de lo que aquello significaba. Si del inicio del día, de esa tarde extraña, o de aquello que ese policía le estaba preguntando. —Depende de qué es lo que quiera saber —respondió Marcos con la cara ligeramente enrojecida de vergüenza. —¿Qué fue lo que vio? —preguntó el policía, con el semblante ligeramente enfurecido. —Depende de qué es lo que quiera que le conteste. —¡Suficiente! ¡Vienes conmigo! —¡No puede llevarme hasta que no le llame a mi abogado! —Dos cosas, hijo. Estamos en México, y eso no aplica. Y segundo, ¿con tu edad ya cuentas con un abogado? —Sí, tengo uno. Pensé que eso me daría tiempo. Pero ya qué. ¿A dónde me lleva...